El modelo de negocio ¿definitivo? en Internet

El modelo de negocio por excelencia en Internet ha sido la publicidad, de toda la vida. También se encuentran otros casos de éxito como iTunes, que consiguió hacer dinero vendiendo música en la época dorada del pirateo, pero en general la venta de contenidos digitales siempre ha ido regular.

Nosotros estamos acostumbrados a pagar por poseer, que es como uno compra en la vida real: pagas el paquete de yogures y te lo llevas a tu casa, y ese es el modelo que copiaron a Internet: pagas esta canción y la descargas a tu disco duro, es exclusivamente tuya.

Pero la diferencia está clara: los yogures son materiales y se pueden comer una sola vez, y el fichero de música es información contenida en un ordenador. Son dos productos esencialmente distintos, y lo lógico es que la forma de comprar se adaptara.

Por otro lado tenemos la publicidad, que aunque está en plena forma (pregúntaselo a Google) tiene unos aires viejunos. Se lleva bastante tiempo escuchando que la información que da el propio usuario sirve para hacer una publicidad mucho más eficaz, y que por eso hay empresas que pierden cientos de miles al año y sin embargo están valoradas en miles de millones, porque la información es poder.

La sensación que tengo es que la publicidad en internet inspira poca confianza. Creo que la gente de mi generación hemos crecido evitándola, sobre todo por la jungla de enlaces falsos de descarga. Prácticamente asociamos (al menos a mí me pasa) publicidad en internet a engaño.

Hay excepciones, como los vídeos en YouTube o campañas de marcas conocidas que están trabajadas, pero el clásico banner ya destila un tufo a podrido, y más cuando el 90% de las veces hablan del secreto descubierto por una abuelita para tener la piel perfecta o de cómo hacer miles de euros al día. No entiendo cómo esos anuncios pueden seguir siendo rentables, pero confío en que en algún momento dejen de serlo. La publicidad necesita algo distinto y más fresco.

Y entonces aparecen las suscripciones. Para mí lo de Spotify era una idea malísima: no me gustaba que la música estuviera en internet en vez de en mi ordenador. Me acuerdo de un amigo que cuando le hablé de probar Spotify me dijo: “yo es que quiero que mi música sea mía“. El problema no es (o era) sólo tecnológico, sino también de propiedad. Pero la percepción está cambiando.

Los periódicos americanos supieron tomar las riendas de su futuro desarrollando también sistemas de suscripciones, y 2015 les está dando la razón: Los ingresos obtenidos por los periódicos cambian a nuevas fuentes. En España también han existido intentos, Pedro J. Ramírez lo intentó con su famoso Orbyt en EL MUNDO (que ahora tiene ‘Quiosco’) y ahora lo está intentando de cero con El Español.

También entró Netflix, que creo que fue el verdadero punto de inflexión donde la gente empezó a sentirse cómoda con las suscripciones. Unos pocos euros mensuales, justificables como tres cafés, a cambio de no volver a buscar una película por internet con el audio bien y donde los píxeles no sean de 1cm de ancho. Y además la palmadita moral de que no estás robando. Estos servicios han conseguido algo impensable hace más de 5 años: que gente que se descargaba los contenidos gratis empezara a gastar dinero por ellos, han conseguido que la piratería se pase de moda.

Y poco a poco muchas apps y servicios han ido cambiando su modelo al de suscripciones. Parece que ese es realmente el modelo de negocio para los datos digitales, la economía de la suscripción. Además una suscripción fideliza muchísimo más: la gente deja de ser consciente de que está pagando algo porque se hace automáticamente.

En España aún está por ver cómo reaccionamos a este tipo de suscripciones, sobre todo ahora con la llegada de Netflix. Nuestra cultura de piratería se supone que es mayor y hay gente que no confía en que Netflix pueda triunfar aquí, pero la verdad es que muchas de las cosas que funcionan en América acaban funcionando aquí también.

Así que si estás pensando en desarrollar una app y tienes pensado decir que tu modelo de negocio está basado en publicidad, igual puedes darle una vuelta. Puede ser que aún no estemos tecnológicamente preparados para tratar todos los datos generados por la gente, puede ser que en un tiempo sí lo estemos y que entonces la información vuelva a ser la moneda dominante. Pero si la gente está cada vez más dispuesta a pagar por suscripciones, merece la pena intentarlo.

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